Feliciano Martinez 14-10-1948    15-03-2005

    

Despiden restos de Feliciano Martinez

En la misa de cuerpo presente, el Mons. Claudio Giménez resaltó el gran ejemplo que deja Feliciano Martínez a la sociedad paraguaya, con la enseñanza de que se puede hacer grandes obras con ideas profundas que llegan hondo en la mente y el corazón. Recordó la inyección que le dio a Juventud Que se Mueve (JQM), con la que empezó hablando de limpieza de calles y terminó pidiendo la limpieza del corazón y de limpiar el país de la corrupción. "Don Feliciano nos enseñó que es posible pensar en grande, que no podemos ni debemos seguir arrastrándonos por el suelo con el pesimismo a cuestas", expresó (resumido de : Magdalena Benitez, Caacupe. Diario ABC Color, 17 marzo 05)
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“si nuestro país tuviese más
"locos" como Don Feliciano”

Cuentan los atyreños que cada domingo --día de riguroso descanso-- el entonces reciente intendente municipal de la ciudad, Feliciano Martínez, salía bien temprano en las mañanas a recorrer las calles y cualquier tape po`i, machete, rastrillo y pala en mano, para cortar y recoger cuanta maleza o basura se hallase en el camino. Y, de paso, plantar no sólo árboles, sino también carteles con frases escogidas de grandes pensadores de la humanidad. Su meta era enseñar con el ejemplo a los suyos, es decir, a los miembros de su comunidad, que la higiene no es asunto solamente personal sino también social. Como es costumbre en nuestros ámbitos, fue centro de la burla de quienes al principio lo tildaron de loco. Y no faltaron los que deliberadamente volvían a enmarañar lo ya despejado. Tal situación propiciaría el descorazona-miento de cualquiera, sobre todo en un país en donde las autoridades, antes que promover cuidados ecológicos, incitan a todo lo contrario. Pero don Feliciano porfiaba. Nada de aquello era más fuerte que su tenacidad. Pasado el tiempo, los habitantes se percataron de que ciertas zonas adquirían perfiles inéditos, con yuyos que desaparecían dando paso a enramadas curvadas en pérgolas de santa rita y nomeolvides. Entonces, sintieron vergüenza al ver que todo aquello era labor de un solo hombre. Y decidieron de a dos, de a diez, de a cientos, sumar brazos en ese esfuerzo que terminó convirtiendo la ciudad de Atyrá en la más limpia del Paraguay y la sexta del mundo. ¡Vaya locura! Todo esto es un cuento, pero real de cabo a rabo.
Y si nuestro país tuviese más "locos"
como don Feliciano, cuánta cordura reinaría... Pero no. Desde que él dejara el cargo por la enfermedad que lo llevó a la muerte, Atyrá perdió plenitudes. Y en el adiós definitivo, los lugareños se unieron de nuevo para limpiar la ciudad "como en sus tiempos", reconociendo ingratitudes hacia ese hombre cabal, austero, justo, trabajador y solidario que fue don Feliciano. Ojalá el esplendor no sea flor de un día, y su legado reflorezca en cada patio, en cada hogar, en cada ventana, en cada vereda, en cada esquina, de la hasta hoy hermosa Atyrá. (Mario Casartelli. EL PERSONAJE DE LA SEMANA. Ultima Hora. Domingo 20 marzo05.)
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Desde Madrid ( España)

A la memoria de Don Feliciano Martínez

En una democracia representativa, los políticos son el fiel reflejo de las instituciones y de la sociedad que representan. Moldear las instituciones es difícil, pero moldear a la sociedad es imposible sin un proceso previo que requiere de mucha paciencia y esfuerzo de todos sus actores, sin esperar resultados inmediatos. Y éste es un proceso que muy pocos han tenido la dedicación, el coraje y el patriotismo de afrontar. Entre ellos, el ejemplo más digno de resaltar es el de Don Feliciano Martínez, quien a través de la política buscó ejercer la más sublime de las vocaciones: la vocación de servicio. Para dimensionar la importancia de este tipo de ejemplos, debemos reflexionar y hacer un mea culpa sobre el tipo de sociedad que tenemos. (…)

Porque, a no dudarlo, tenemos más protagonistasbuenos que malos, en todos los niveles. Incluso en el plano político, donde se evidencian algunas nuevas figuras y nucleaciones desinteresadas, donde el ejemplo de Don Feliciano Martínez demostró con su testimonio de vida que es posible ser protagonista del cambio efectivo, que podemos hacer mucho sin pedir nada, que debemos romper la barrera de esa cruel indiferencia que nos impide recuperar todo lo que nos han quitado, todo lo que nos dejamos quitar.

Admitamos, pues, nuestras debilidades y tratemos de superarlas. No sigamos esquivando nuestra porción de responsabilidad. Los políticos deben ser más necesarios a las fuerzas sociales y culturales renovadoras que a las conservadoras, más útiles a los sectores sociales populares que no disponen del poder económico y del control de la gestión estatal, que a los que ya disponen de ellos. No son el cielo traído a la tierra, pero sin ellos no hay democracia posible. Debemos, como sociedad, influir para que cumplan con su función. El combate se realiza todos los días, en todos los frentes. Éste es el drama más importante de nuestro tiempo: todos somos igualmente responsables por sus resultados.

Como Don Feliciano, asumamos nuestra responsabilidad. Aprendamos a barrer nuestra vereda y enseñemos a nuestro vecino a hacerlo, antes de que sea demasiado tarde.

No olvidemos. No nos permitamos olvidar su magnifico ejemplo. Porque no es solo nuestra libertad la que está en riesgo, sino también el sueño de una sociedad más honesta, más feliz y más justa.

 

Juan C. Cabezudo (h)

Resumido de: Ultima Hora, Opinión Pública, 16 marzo 05).