|
Despiden restos de
Feliciano Martinez
En la misa de cuerpo presente, el
Mons. Claudio Giménez resaltó el
gran ejemplo que deja Feliciano
Martínez a la sociedad paraguaya,
con la enseñanza de que se puede
hacer grandes obras con ideas
profundas que llegan hondo en la
mente y el corazón. Recordó la
inyección que le dio a Juventud Que
se Mueve (JQM), con la que
empezó hablando de limpieza de
calles y terminó pidiendo la
limpieza del corazón y de limpiar el
país de la corrupción. "Don
Feliciano nos enseñó que es posible
pensar en grande, que
no podemos
ni debemos seguir arrastrándonos
por el suelo con el pesimismo a
cuestas", expresó
(resumido de : Magdalena Benitez,
Caacupe. Diario ABC Color, 17
marzo 05)
-----------
“si nuestro país tuviese más
"locos" como Don Feliciano”
Cuentan los atyreños que cada
domingo --día de riguroso descanso--
el entonces reciente intendente
municipal de la ciudad, Feliciano
Martínez, salía bien temprano en
las
mañanas a recorrer las calles y cualquier
tape po`i, machete, rastrillo y
pala en
mano, para cortar y recoger
cuanta maleza o basura se hallase en el
camino. Y, de
paso, plantar no sólo
árboles, sino también carteles con
frases escogidas de grandes
pensadores de la humanidad. Su meta
era enseñar con el ejemplo a los suyos,
es decir,
a los miembros de su
comunidad, que la higiene no es
asunto solamente personal sino
también social. Como es costumbre en
nuestros ámbitos, fue centro de la
burla de
quienes al principio lo
tildaron de loco. Y no faltaron los que
deliberadamente volvían a
enmarañar
lo ya despejado. Tal situación
propiciaría el descorazona-miento de
cualquiera, sobre todo en un país en
donde las autoridades, antes que
promover
cuidados ecológicos, incitan
a todo lo contrario. Pero don Feliciano
porfiaba. Nada de
aquello era más
fuerte que su tenacidad. Pasado el
tiempo, los habitantes se percataron
de
que ciertas zonas
adquirían perfiles inéditos, con
yuyos que desaparecían dando
paso
a enramadas curvadas en pérgolas de
santa rita y nomeolvides.
Entonces,
sintieron vergüenza al ver
que todo aquello era labor de un solo
hombre. Y decidieron de
a dos, de a
diez, de a cientos, sumar brazos en
ese esfuerzo que terminó
convirtiendo la
ciudad de Atyrá en la
más limpia del Paraguay y la sexta
del mundo. ¡Vaya locura! Todo
esto
es un cuento, pero real de cabo a
rabo.
Y si nuestro país tuviese más "locos"
como don Feliciano, cuánta cordura
reinaría...
Pero no. Desde que él
dejara el cargo por la enfermedad
que lo llevó a la muerte, Atyrá
perdió plenitudes. Y en el adiós
definitivo, los lugareños se unieron
de nuevo para limpiar
la ciudad
"como en sus tiempos",
reconociendo ingratitudes hacia ese
hombre cabal,
austero, justo,
trabajador y solidario que fue don
Feliciano. Ojalá el esplendor no sea
flor
de un día, y su legado reflorezca
en cada patio, en cada hogar, en
cada ventana, en
cada vereda, en
cada esquina, de la hasta hoy
hermosa Atyrá.
(Mario Casartelli. EL
PERSONAJE DE LA
SEMANA. Ultima Hora. Domingo 20 marzo05.)
------------------
Desde Madrid ( España)
A la memoria de Don Feliciano Martínez
En una democracia representativa, los políticos son
el fiel reflejo de las instituciones y
de la sociedad
que representan. Moldear las instituciones es
difícil, pero moldear a la
sociedad es imposible sin
un proceso previo que requiere de mucha paciencia
y esfuerzo
de todos sus actores, sin esperar
resultados inmediatos. Y éste es un proceso que
muy
pocos han tenido la dedicación, el coraje y el
patriotismo de afrontar. Entre ellos, el
ejemplo más
digno de resaltar es el de Don Feliciano Martínez,
quien a través de la
política buscó ejercer la más
sublime de las vocaciones: la vocación de servicio.
Para
dimensionar la importancia de este tipo de
ejemplos, debemos reflexionar y hacer un
mea
culpa sobre el tipo de sociedad que tenemos.
(…)
Porque, a no dudarlo, tenemos más protagonistasbuenos que malos,
en todos los
niveles. Incluso en
el plano político, donde se evidencian algunas
nuevas figuras y
nucleaciones desinteresadas,
donde el ejemplo de Don Feliciano Martínez
demostró con
su testimonio de vida que es posible
ser protagonista del cambio efectivo, que podemos
hacer mucho sin pedir nada, que debemos romper
la barrera de esa cruel indiferencia
que nos impide
recuperar todo lo que nos han quitado, todo lo que
nos dejamos quitar.
Admitamos, pues, nuestras debilidades y tratemos
de superarlas. No sigamos
esquivando nuestra
porción de responsabilidad. Los políticos deben ser
más necesarios
a las fuerzas sociales y culturales
renovadoras que a las conservadoras, más útiles a
los
sectores sociales populares que no disponen del
poder económico y del control de la
gestión estatal,
que a los que ya disponen de ellos. No son el cielo
traído a la tierra, pero
sin ellos no hay democracia
posible. Debemos, como sociedad, influir para que
cumplan con su función. El combate se realiza
todos los días, en todos los frentes. Éste
es el
drama más importante de nuestro tiempo: todos
somos igualmente responsables
por sus resultados.
Como Don Feliciano, asumamos nuestra
responsabilidad.
Aprendamos a barrer nuestra
vereda
y enseñemos a nuestro vecino a hacerlo,
antes de que sea demasiado tarde.
No
olvidemos. No nos permitamos olvidar su
magnifico ejemplo. Porque no es solo
nuestra
libertad la que está en riesgo, sino también el
sueño de una sociedad
más honesta, más feliz y
más justa.
Juan C. Cabezudo (h)
Resumido de: Ultima Hora, Opinión Pública, 16 marzo 05). |